1
Julio
2007
En el nombre del Papa
Hola, hola, caramelitos de miel y limón. Esta semana, oh lectores y amigos que leen esto por compromiso, hemos podido disfrutar una vez más de los criterios y juicios absurdos que posee y emite la Santa Iglesia Católica cuando se mete donde no la llaman. Es decir, en todos lados. Curiosamente, pese a que el jueves era el día del orgullo homosetsi y tal fiesta reivindicativa de multicolorido estruendo petardo suele centrar gran parte de las lindezas de la curia y allegados ideológicos, esta vez el desmán del Vaticano se ha producido en un ámbito completamente alejado del refinamiento y el buen gusto de los desfiles gays (plural anglizado, nchts… nosotros hubiésemos preferido gayes, pero el diccionario es así).
No obstante, no se crean que se han ido de rositas, porque como viene siendo habitual en la página ultrarreaccionaria de spam institucional HazteOir.org, siempre vigilantes ante cualquier ofensiva progre-relativista contra la familia, les han dedicado un artículo de esos de denuncia con galerías de fotos “obscenas”, concursos de fotos insultantes y en general una cantidad notable de información para cualquiera que estuviese interesado en asistir o participar. Díganos a quien odia y le diremos quien le obsesiona.
Diéselo
A lo que íbamos antes de irnos por los Cerros de Úbeda, la Fórmula Uno (1). Como bien sabrán ustedes, todos grandes aficionados a la alta competición, el polaco Robert Kubica sufrió un espectacular accidente durante la carrera de la semana pasada. Pero no un choquecillo con llamas y tal, no no: una hostia de padre y muy señor mío a la velocidad de dos cientos treinta kilómetros por hora (230Km/h) de la que, sin embargo, salió solamente con un esguince en el parietal derecho del decúbito supino inferior (o similar). Vamos, lo que algunos llamarían un milagro, ¿verdad? Pozí (jorl, que demodé…).
Resulta que el piloto polaco es paisano del mismísimo Juan Pablo II, y debido a la devoción que le profesa lleva siempre una frase alusiva a Su Santidad en el casco. Y he aquí la memez: según el Vaticano, podría ser ésta y no otra la causa de la increible suerte de Kubica, ya que Karol Wojtyla habría intercedido por la salvación de su seguidor, presuntamente, acercándole un paso más en su ascenso al olimpo de los diésel.
Tráfico se está planteando sustituir la obligatoriedad del airbag por una cara gigante del Papa pintada sobre el capó a aerógrafo con ese típico rollito unicornios-y-planetas newagero pero en católico. El caso de los motoristas sería paralelo: cambiar el casco de chupa-chups tope guapo por una tonsura tatuada con las iniciales K.W. que hará las delicias de todos los fans de Kawasaki. ¡Jodeos, ingenieros: ahora se lleva el amor a Dios!

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Hace nada y menos, cuatro (4) días mal contados, que Rocío Jurado volvió a España para proseguir con su tratamiento en la piel de toro. La primera (1ª) noticia que traslució es que la Chipionera se encontraba bien y que había desayunado churros. Esto de meterse una bomba calórica y lipídica entre pecho y espalda recién salidito del hospital puede parecer al ciudadano de a pie una barbaridad como una casa y un suicidio ritual o eutanasia activa a la española… redios, ¡a la españolísima! ¡Churros!. Sin embargo, ¿quiénes somos nosotros para señalar con el dedo acusador de la culpa y de la gula a una persona que ha estado sufriendo la escasez alimenticia de la enfermedad y la relativa soledad del hospital? Más aún cuando conocemos bien un caso de una personita, además conocido por la mayoría de ustedes, lectores, que nada más salir del hospital tras meses de privaciones y mesura, se tragó de una tacada dos pizzas medianas del Tele-Ídem y un refresco de cola.

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