Hola, minúsculos lectores de género indefinido, se les saluda de nuevo desde ésta, su casa online de la necedad de periodicidad irregular. Estos días son aciagos para todos aquellos que, al igual que nuestro Rey, les gusta vivir la vida a tope porque un ídolo de la escuela clásica de los bon vivant españoles está describiendo las curvas más estrechas de una espiral de decadencia que se veía venir muy de lejos. Nos referimos, como no, al inigualable Andrés Pajares, un hombre que pese a ser el más agraciado del trio maravillas del cine español no ha sabido resistir el largo tedio de una vida de estrella olvidada, un hombre cuyo biopic sólo podría ser protagonizado por él mismo, un hombre que ha sido salpicado de fango por dos (2) de sus mujeres, por una (1) de sus hijas, por su hijo y hasta por una supuesta prima que le sacaron los del Aquí hay Tomate, los muy ruines. Por cierto, un inciso hay que hacer: esta mujer, cuyas limitaciones psíquicas son o bien patentes o bien fingidas con excelsa interpretación, muy mal tenía que estar para llegar a pedirle dinero a un Pajares que por aquella época iba dando tumbos de un plató a otro vendiendo sus miserias a toda la manada de hienas de la prensa del corazón.
Nosotros, al ver anteayer a Pajarés en las noticias, en un estado de salud precario, habiendo asaltado su bufete de abogados con una pistola de juguete y un bigote postizo ya sentimos algo de esa pena-hilaridad que le invade a uno cuando ve un vergonzoso accidente en vídeo doméstico, consciente del dolor que produce pero no por ello menos divertido. Sí, los humanos son así: crueles con el prójimo y egoistas con lo propio. Por esto, al ver que esta misma mañana Andrés Pajares ha vuelto a ser ingresado después de destrozar una habitación de lujo cual rotwailer puesto de anfetas en una rave de makineros, no hemos podido dejar de preguntarnos cuál será la próxima y descacharrante ocurrencia autodestructiva del casi septuagenario consumidor de sustancias dopantes. Las drogas y la edad, enemigos mortíferos.

Con el espejo ya dispuesto
Con el espejo ya dispuesto