Lametones de Amor

Una llamada a la incorrección en agradables tonos pastel

Mes: Abril 2007

Flash! Uoooo! King of the impossible!

Se les saluda, gente de utilidad dudosa, desde nuestro polvoriento púlpito de internet. Hemos tenido que apartar unas cuantas telarañas del teclado y engrasar reflexivamente * nuestros oxidados extensores de las falanges con el fin estar en condiciones óptimas a la hora de retomar la tarea de adoctrinarles en nuestra disfunción social y estética. Sin embargo queremos insitir una vez más que si les abandonamos temporal y racheadamente no es por pereza o por desidia o por afición a la cría de ácaros: es porque vamos de culo.
Pese a nuestra desbordante actividad cultural y laboral, no queremos que piensen que no nos acordamos de nuestro amado público de amor y saliva. Ustedes. Es por esto que queriamos brindarles una de nuestras reflexiones personales y semióticas posmodernas acerca de un objeto cuyo uso se ha tornado cotidiano: el XXXXXX. Eh, y no crean que lo llamamos así por ser misteriosos y crípticos cual ser del inframundo, sino porque justamente el objeto de nuestra disertación es la propia carencia de un nombre estandarizado y reconocido para el aparatejo en cuestón.
Dejaremos de hacer el mono y abandonamos nuestro paseo por el ramaje para revelarles que nos estamos refiriendo a esos dispositivos de almacenamiento masivo USB que ustedes utilizan para guardar vitales archivos demasiado pesados como para colgarlos en internet y pasearlos por las diferentes computadoras que frecuentan; es decir, el Triángulo de Transferencia de Datos CCC: curro-casa-cyber.
Sólo en esta semana, hemos escuchado llamar a estos cacharros de formas tan variadas como: memoria flash, pen-drive, lápiz, mochila, pinza, el USB, sobre, boli, diskette, trasto o el masivo. Y verán ustedes… la sinonimia está bien, ahí está el pene para atestiguarlo, pero uno tiene que tener prioridades en esta vida y una de las nuestras es la ergonomía lingüística. Uno no puede quedarse aturdido con cara de lelo cuando le sacan de la chistera otro sustantivo más para un objeto cuyo nombre no está consensuado por todas las capas de la sociedad estatal. Es por ello que nosotros proponemos un gran consenso multilateral para acordar un vocablo justo que a la vez dinamice nuestra capacidad verbal reajustándola a los nuevos tiempos y sin usar neologismos extranjeros de otro pais. Y lo que el mundo está pidiendo es que a las memorias flash las rebauticemos como DISQUETES. De nada.

Cosa completamente innecesaria

* Este es un chiste que nos ha hecho mucha gracia, mas tememos que no se acabe de pillar bien del todo: reflexivamente, como si de un verbo reflexivo se tratase y también de Reflex, que es bueno para las articulaciones. Ja ja ja, es un juego de palabras. ¿Lo has pillao, cuñao?

El Bien, el mal, el regulero…

Hola holita mazapanes tiernos. Como tal vez imaginan el bajo ritmo de actulización, de esta, su página rosa favorita, no es debido a que estemos promoviendo un descenso del consumo de la energia dejando nuestras computadoras en reposo. Más bien al contrario, una montaña rusa laboral nos está haciendo vivir en estos dias aciagas experiencias. Pero les seguimos queriendo igual, winipuses…
Consecuencia lógica del estres que nos apelmaza las neuronas han surgido en nosotros nuevas inquietudes. Uno se pone a reflexionar sobre la vida, las grandes preguntas… quiénes somos, a dónde vamos, quién es más poderoso, Luxi Toledo, Leonardo Dantés o Cañita Brava, la bondad… Y es que porque no decirlo, amiguitos, el Bien mayúsculo es un concepto y una realidad que siempre nos ha preocupado mucho por estos lares. Como estupéndas personas que somos de toda la vida nos hemos posicionado a favor de lo bueno. Recuerden si no una de la manifestaciones más exitosas convocadas por Lametones de Amor bajo el lema ‘El Bien es Bueno’. Qué bellos recuerdo, que bonito fue todo.
Que el Bien nos mole más a nosotros que somos seres etéreos llenos de cándida bondad es lo normal, pero lo que es sin duda más sorprendente es que esto se extrapole a la población humana de la tierra y se convierta en una tendencia general. El Bien y lo bueno gana Mal y lo malo. Miren como nos lo muestra el todopoderoso Sr. Google en el gráfico de busquedas que les ponemos a continuación.

Do the Pingu!

Lo ven, la hegemonia del Bien queda demostradisima con las busquedas que han perpetrado los usuarios. Vale, ya sabemos que esa preponderancia de la bondad ya la habian demostrado sobradamente las siempre instructivas sagas de Star Wars o el Señor de los Anillos, pero aquí ya hace años que dejamos atrás la adolescencia y ahora sólo hacemos caso de datos estrictamente científicos o del chamanismo. Y basandonos en esta pragmática visión de la realidad estamos dipuestos a enunciar el siguiente postulado científico-heroico: Superman existe y es bueno.
Para aquellos de ustedes que no se hallan fijado aún miren atentamente el gráfico de ahí arriba. No ven una perturbación en la fuerza del Bien, un anómalo crecimiento de la maldad, una inversión de la tendencia en Octubre del dosmilcuatro (2004)…
¿Saben por qué? ¿Quiren saber por qué? Les diremos porque: El 10 de Octubre y coincidiendo con ese incremento de la maldad, murió Superman. Ahá!

God Bless You, Mr Vonnegut

Amorosos! Hoy es un dia triste en Lametones de Amor porque ayer mismo nos abandono uno de nuestros más admirados y bonitos referentes, el novelista estadounidense Kurt Vonnegut. Ya ven, aquí también nos puede llegar al corazoncito la muerte de alguien, aunque luego hagamos apuestas sobre decesos de carismáticos personajes. Al final, pese a haber estado seis (6) veces nominado, se ha ido al hoyo sin su premio Nóbel de Literatura, lo que demuestra que no siempre los mejores se llevan los méritos institucionales (ver premios Planeta).
Hace unas semanas Vonnegut tuvo una mala caida por su edad y sufrió lesiones irreversible en el cerebro, esa cúspide de la evolución humana que tan pronto admiraba como lapidaba con su humor negro y satírico. Hasta entonces fue un ejemplo a seguir en su coherencia. Un tío guay.
Llegó a ser el presidente honorario de la Asociación Humanista Americana, ya saben, esos que abogan por una vida dedicada a la bondad sin necesidad de pensar en un hipotético castigo en un presunto más allá. Sucedió en el cargo al recién finado Isaac Asimov y en su discurso de investidura contó su chiste humanista de mal gusto favorito. Dijo: “Isaac ahora está en el Cielo”. Años después, es Kurt el que se ha ido al Cielo…

FaceVonnegut.gif

Y como él siempre fue más ingenioso de lo que nosotros podamos llegar a serlo jamás, nos despedimos con una fragmento suyo.
“…se narraba la historia de un visitante del espacio que había hecho un profundo estudio del crsitianismo para comprender, en lo posible, por qué los cristianos encontraban tan fácil la crueldad. Llegó a la conclusión de que, por lo menos en parte, el problema era debido a un desliz existente en el Nuevo Testamento. El suponía que la intención del Evangelio era enseñar a la gente, entre otras cosas, a ser compasiva, incluso con las personas más bajas y ruines.
Pero lo que el Evangelio enseñaba en realidad era esto:
Antes de matar a alguien, asegúrate que no está bien relacionado. Así es.”

Capítulo 19

¿Qué os ha pasado, supervillanos comunistas?
Vosotros antes molabais.
Esperando a Eliansito

Il Grande Claudio

Buenos dias niños y niñas. Hoy a venido a Lametones de Amor un amiguito de la familia, un primo lejano, una visita incómoda, un huésped inesperado… Alguien que además, amenaza con pasarse por este sonrosado hogar de vez en cuando para relatarnos con todo lujo de detalles y florido léxico sus anécdotas más escatológicas. Así que sin más preámbulo les dejamos con Il Grande Claudio, una persona rara y explicita. Es todo lo que podemos decirles de él.

Los dos juegos de papilas gustativas

El domingo a mediodia fui a comer a un restaurante pakistaní de económico precio y delicioso servicio. Pedí pollo tikka masala, arroz, nan y salsa agria. Para beber un Seven Up.
El camarero me hizo una pregunta, yo contesté que “como siempre”.
Lo devoré todo con fruición, pues apenas había desayunado y ante mi desfilaban una procesión de trozos de pollo deshuesado con tomate y especias que me miraban con ojos sinuosos. Me levanté y pagué la cuenta, siete euros bien pagados, y en cuanto me dispuse a salir por la puerta el dueño del local me dio el alto llevando en sus poderosas manos de gigante barbudo pakistaní un pastelillo típico. Harina y huevo, cocido, rebozado en caramélo y bañado en miel; fidelizar al cliente creo que lo llaman.

Una vez, hace mucho tiempo, alguien mucho más sabio que yo, y cuyo nombre no quiero ni puedo recordar, dijo unas palabras cargadas de sabiduría ancestral, de ese conocimiento que sólo pueden destilar los que han estado en contacto con la tierra durante décadas de trabajo y que los jóvenes desechan sin rubor en su ignorancia. Yo, aunque cuando me las dijeron era un polluelo, tuve al menos la decencia de almacenarlas en la memoria y de cuando en cuando me las repito para admirar la sapiencia que encierran. Evidentemente, no me cuesta nada compartirlas con vosotros:
Las almorranas dividen a las personas en dos tipos, en los que las tienen y los que las van a tener.

La misma noche del domingo al lunes, a eso de las dos, mis retorcidos intestinos empezaron a emitir una tímida sintonía que no tardó en convertirse en rugiente orquesta. Me resistí a salir de debajo de la comodidad y calor de mi edredón nórdico del Carrefour (con estampado de niñas) hasta el momento crítico. Necio de mí, tras una breve carrera por el pasillo me senté en el frío retrete pensando en que lo peor del asunto es que estaría como mínimo media hora allí sentado haciendo el paripé, demasiado cansado para siquiera entretenerme leyendo los champús por enésima vez.
Sin embargo, mientras estuve en la taza sumido en mis profundas meditaciones existenciales tuve tiempo de maravillarme ante los misterios senstivos del tracto digestivo. Nunca me arrepentiré, pese al lacerante dolor que me azotó los esfínteres, de la respuesta que le di al camarero pakistaní. Porque los amantes de la cocina exótica bien deben saber que el picante es el único sabor que se disfruta dos veces.

La postura en cuclillas, relajada y natural

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