Lametones de Amor

Una llamada a la incorrección en agradables tonos pastel

Mes: Noviembre 2005 (Página 1 de 2)

La parada de los monstruos

Hola hola hola hola, débochcas y malchicos del internet. No tengan miedo, no se asusten, amiguitos, que no les vamos a hablar de aquel infausto “pograma”, otrora presentado por ese icono del erotismo hirsuto que es Jose Manuel Parada, que es Cine de Barrio. Aunque con tan sugerente título bien podriamos hacerlo, no es nuestra intención hacer leña del árbol caido, de un espacio televisivo en horas bajas dedicado a evocar las glorias artísticas de un pasado. Sin embargo el entorno del programa, empezando por el abigarrado pianista y pasando algunos de sus invitados más tronados, léase por ejemplo Marujita Díaz desbocada, léase por ejemplo Juanito Valderrama bailarín; sí que van a ser tratados en estas humildes líneas. Y es que este programa de TVE es sin duda uno de los que ha dado a la televisión española más momentos más extraños, casi terroríficos a veces, de su historia; y sin duda ocuparía el primer lugar en esta particular clasificación si no fuese por la existencia de aquella joya del marcianismo que fue Hotel Glam… Pero no hemos venido aquí hoy a hablar de la necia drogaina, ¿no?

One of us!
Hoy, niños, venimos a hablarles de semántica y de esta aplicada al intrincado mundo de los frikis. Segun esa web de contenidos autocompasivos que es la wikipedia del amor, un friki “es una persona obsesionada con un tema o afición en concreto, normalmente extravagante, hasta el punto de convertirlo en una forma de vida”. Espeluznante. El pajerillo que ha redactado esta definición (porque seamos honestos, el tipo de persona envia articulos a Wikipedia tiene un elevado grado de pajerez) está cometiendo sin ser muy consciente de ello una paradójica contradicción para consigo mismo. Esta catalogándose, englobando su supuesta extrañeza dentro de una amplisimo subgrupo humano, intentando encauzar en la corriente del convencionalismo un comportamiento que se define a si mismo, y que de hecho que no se concibe sino como una como una actitud outsider. Y es que definir al freak como miembro de grupo social supone un giro de tuerca que le lleva a pasar de su supuesta rareza a una integración plena en el amplio espectro de las razas urbanas.
Suponemos que la devaluación del término freak ha sido inversamente proporcional al auge que ha experiementado el negocio basado en su propia cultura. Ahora, cualquiera que haya hojeado un libro de Tolkien o haya utilizado alguna vez Linux, ya puede considerarse freak, ¿o a ustedes no se lo han llamado nunca? Merchandising para frikis, películas para frikis, camisetas divertidísimas para frikis… todos hemos caido en eso alguna vez; sin embargo, tendrán ustedes que admitir que es ridículo hacer ostentación de extrañeza con algo totalmente absorbido, reasimilado y regurgitado por la maquinaria comercial del Sagrado Sistema Capitalista Democrático. ¡Ea!

Amparo, te has fumado un porro, po zi
Ahora bien, esta acepción del término, que ustedes han aceptado sin pestañear, es una cosa como de élite cultural, como de gente extraordinariamente super-lista. Pregunten a cualquiera de sus amigos y compañeros de pelo cenicero, coleta aerodinámica o boina calada acerca del significado del significado metafísico del término friki y sorpréndanse ante la respuesta, pues nos atrevemos a aseverar que la mayoría de ellos les referirán a esos personajes que tanto animaron sus noches con Crónicas Marcianas.
Y ahí le tenemos que reconocer un cierto mérito a Sardá y a su defenestrado programa televisivo: hicieron unas temporadas de pura basura de papel couché arrugado y mordisqueado por ratas de alcantarilla purulentas y probablemente provocaron con su ejemplo un aumento desmesurado del consumo de la dama blanca que siempre traiciona… pero hay cierta justicia poética en el hecho que devolviesen al término friki, al Freak, su significado original. No nos negarán que el disminuido físico y psiquiatrico Manolito Reyes, más conocido como Pozí, no es un arquetipo de la atracción circense extraordinaria; el Cuñao y el Risitas, Carmen de Mairena, Bernardo Cortés… son sin duda el equivalente posmoderno y decadente de la mujer barbuda y el hombre elefante. Los auténticos monstruos de una Freak Parade cuyo nombre había sido injustamente usurpado por unas personas que en el fondo están carentes de anomalias o taras.

Así pues, con esta pequeña reflexión queremos no sólo celebrar la readjudicación del anglicismo a sus legítimos propietarios, la gente extraordinariamente bizarra, los monstruitos contemporaneos. También queriamos recomendarles como denominación para sus amiguitos comiqueros (y para ustedes también y… bueno, y nosotros) un término mucho más castizo y renovado como es el focomelísimo Pajero. Y mucho más bonito, donde van a parar…

Capítulo 11

¿Qué te ha pasado, monarquía?
Tú antes molabas.

Aún queda esperanza

Feliz día, dulces galletitas y esponjosos bizcochitos. Por todos ustedes es conocida, o debería serlo si prestasen atención de vez en cuando, la afición que el miembro con tetas de esta santa casa tiene a coleccionar cajas. Cajas grandes, pequeñas, cajas cuadradas, cajas redondas, cajas dentro de cajas dentro de cajas. Cajas dentro de cajas dentro de cajas dentro de cajas. ¿Qué evocador, verdad? Junten ustedes una mujer y una afición desmesurada al excitante mundo de las cajas e inmediatamente se les materializa en la cabecita un nombre: Pandora. Permítannos que les refresquemos la memoria acerca de la pseudo-historia de la primera fémina de la mitología griega, no porque dudemos deque dicha trama se haya borrado de sus vastos conocimientos sino por la plasticidad de la misma. Será muy somero, así que no se asusten y salgna huyendo como corzos despavoridos.

La venganza de la cuñada
Hace ya unos años, Prometeo, que estaba hecho un titán, robó el fuego a Zeus para regalárselo a su creación más amada: la humanidad. El bueno de Zeus, que no se andaba con chiquitas (a no ser que se polimorfase en cisne o en algún otro animal de evidentes connotaciones fálicas), acabó descubriendo el hurto y, embriagado por su divina furia, condenó al titán a ser encadenado por toda la eternidad para que un ave de presa devorase su hígado cada día.
Para la raza humana, ya más calmado, tramó una venganza mucho más refinada. Mandó a Efesto que moldease una mujer de barro y a sus otros colegas-dioses que le otorgasen diferentes regalos divinos, entre los que se incluía la curiosidad, otorgada por la cornuda mujer de Zeus, Hera. El resultado quedó, hablando mal, de puta madre… algo previsible sabiendo que sus creadores eran una peña de deidades mitológicas; y Pandora, la primera mujer, fue ofrecida en matrimonio a un enamorado Epimeteo, hermano de Prometeo. La dote de dicha boda fue una misteriosa caja que la pérfida creación transmundana llevaba bajo el brazo, y ésta, la Caja de Pandora, jamás debía ser abierta so pena de desgracias innumerables.
El desenlace, amiguitos, es más que previsible. La curiosidad ha hecho dos (2) cosas en esta vida: la primera matar al gato, y la segunda fue tentar a Pandora a abrir la caja de la perdición, de la que salieron todos los males de la humanidad en forma de un torbellino de dolor y lamentos que ni el Arca de la Alianza en “Indiana Jones en busca del Arca Perdida”. Afortunadamente, Epimeteo pudo cerrar la caja a tiempo para guardar una única cosa en su interior: la esperanza… quizás sea por eso que dicen que es lo último que se pierde (risas).

Ahora viene lo bueno
Pero no era del cruel destino de la humanidad por culpa de un “quítame allí esas llamas” lo que les queriamos reseñar, aunque esté relacionado nominalmente con la pícara señorita… Pandora.com es un enlace que encontró nuestra amiguita Chan buceando por el abismo insondable de Oink. Esta página, de registro gratuito gratis sin pagar, dispone de una vasta base de datos para realizar comparaciones con un conjunto musical de su elección con la intención de presentarle las coincidencias que podrían llegar a gustarle… Pandora, contrariamente a lo que se podría pensar en un mundo pesimista, suele atinar bastante y cuando no es así entra en juego la interactividad hombre-máquina: se le puede decir que no siga por ese camino con un doliente pulgar hacia abajo o, por el contrario, agradecerle la muestra que nos brinda con un alentador pulgar hacia arriba. Una maravilla, oigan, una cosa excelentísima que recomendamos sin dudar ni un momento.
Pero como no solemos hacer refritos de enlaces, aparte de glosarles las virtudes de Pandora, les vamos a proponer un juego para aderezar sus largas horas de oficina o desempleo. El Pandora-Around, podría llamarse, consistiría en un reto personal para guiar intencionadamente a la base de datos a golpe de colleja desde un artista a otro completamente dispar. Tal epopeya, que puede ser el trabajo de días completos de productividad laboral nula, no es fácil de conseguir y hay que sumir a la base de datos en una confusión digna de tres (3) Dinios mareados. La misma Chan que nos descubrió Pandora nos contaba entre henchida de gozo y aturdida por el shock que había conseguido el camino Mr.Bungle hasta Britney Spears en dos (2) días.
¿Qué les parece? ¿Les hace un caminito de Slayer a Rick Astley?

La vida es un tómbola

Hiya, kids and kiddies, druguitos todos. Qué buenos son los anglicismos, a quién no le gustan…uh, guys? Por ejemplo el término (y el concepto) smilies: que son lo más cool del metalenguaje, un must en cualquier conversación posmoderna en la que se hable de nonsenses. En cualquier conversación, vamos. Lo curioso de este abanico de palabros es que suelen ser totalmente innecesarios con un buen uso de esa lengua tan latina y tan española que es la nuestra, por lo que a menudo intentamos en esta santa casa evitarlos. Eso no significa, sin embargo, que estos barbarismos léxicos no puedan a menudo fascinarnos por su origen popular y espontáneo.
Tomemos como ejemplo el último sustantivo de la pérfida albión que ha caido en nuestras carpeto-vetónicas e ignorantes zarpas: tweenager (pronúnciese tuinéiyer), una combinación lineal de los vocablos between y ager. Los tweenager, según la gente ultra-lista que escribe periódicos serios, son criajas de entre siete y trece (7-13) años que se comportan como adolescentes en plena explosión hormonal, azuzadas por el fenómeno de la explotación “artística” infantil. De hecho, las propias protagonistas de tal esclavitud infra-musical preadolescente son los estandartes visibles de dicho sector del público infantil, hipertextualizadas en la detestable María Isabel o la mini-cholita digievolucionada Melody. Como pueden pensar ustedes, no ha tardado en crearse en la esfera de la psicología infantil un debate alarmista en torno a dicho fenómeno y lo inadecuado que resulta el incentivo paternal que a menudo reciben estos prepúberes. Imagínense esa madre vistiendo a su hijita con trajazo de faralaes… ¿a que no les cuesta?

Menudas estrellas
Nos, Amanda y Casimiro, tenemos la vista tan centrada en nuestro propio ombligo que a veces no nos damos cuenta de las sutiles diferencias entre un perro y un paso de cebra. Quizás por eso es posible que nos equivoquemos al pensar que este término raruno, tweenager, pese a parecer una novedad es en realidad más viejo que la orilla del mar. Este fenómeno, si la memoria no nos traiciona, se solía llamar niños prodigio y la historia de la música contemporánea y de otros tiempos (el pasado) está llena de ellos. Hay cientos de ellos, miles, ¡decenas!, y los espíritus de algunos de ellos aún rondan erráticos por algún estudio cinematográfico o algún jardín paradisiaco de una estrella pretérita blanqueada.

Sin embargo, más que de los tweenagers queriamos reflexionar acerca de aquellos infraniños que apenas se tambalean por el escenario y cuyos padres vampirizan sin mucho trastabillamiento moral. Apenas un arqueamiento de ceja y a firmar contratos en nombre de sus retoños. Y sacamos este tema a colación porque el otro día, anteayer, vimos en una televisión local (TeleTaxi, para aquellos que la conozcan) el último especimen de esta especie; los infra-tweenagers tienen un nuevo ídolo: el engendrito del año se llama María Figueroa, el disco “Menuda es”, la edad cinco (5) años, el sencillo “Me llamo María”, el resultado… Hecatómbico, cataclísmico, apocalíptico y otros adjetivos de más de cinco (5) sílabas. Ya estamos viendo los balbuceos inconexos de la niña triunfando en cualquier discoteca de mala muerte o cualquier carpa del extrarradio reacondicionada a golpe de kilotones de electricidad. Sabemos que será así porque al humano medio le encantan los críos haciendo monerías (no sólo al Duque de Feria). Ustedes también lo saben, y si alguna duda acerca de tal éxito asaltase su cerebro sólo tenemos algo que decirles, un arma secreta para aplastar cualquier atisbo de vacilación: Jordy Lemoine.

Dur, dur d’être bébé.
Se llamaba Jordy y tenía cuatro (4) años en 1992. Y nos quería decir que era muy difícil ser un bebé. En su caso no lo dudamos, aunque más difícil le resultó dejar de serlo. El tierno infante con su primer disco vendió diez millones (10.000.000, uf…) de copias y se hizo con un hueco en el prestigioso libro Guiness de los récords como el artista más joven en conseguir un número uno (1) de ventas. Los papás del engendrito, que para más señas eran cantantes venidos a menos y productores venidos a más, se lo llevaron de tourne por medio mundo. Se dice incluso que realizó una actuación especial en Neverland para el mismísimo Jacko Wacko en persona, si es que se le puede decir persona a estas horas. Truculento, truculento… Casi tanto como el negocio que a mediados de los noventa montaron los señores Lemoine: La Granja de Jordy. Un chiquipark enclavado en plena naturaleza que combinaba atracciones de feria con ponis y ovejitas y donde, además, podias conocer al propio Jordy en carne y hueso… ay, si es verdad… que lo de atracciones de feria ya lo habiamos dicho antes. Aquí, en la madre patria, también se podria haber hecho algo similar con Joselito, pero claro, la granja hubiera sido de otro tipo. En cualquier caso, amorosos, si querían visitar tan idílico lugar llegan tarde. El gobierno francés, prohibió la aparición del niño y todos los negocios relacionados con su imagen, por considerarlo explotado por sus progenitores, que, curiosidades de la vida, un año después de la prohibición se separaron.
A día de hoy un Jordy de diecisiete (17) años, como tantos otros niños prodigio, renquea por la vida con el lastre de haber vivido una avergonzante carrera que nunca deseó, intentado que su pasado se vuelva algún día translucido y deje de empañar cualquier esperanza de un futuro digno de reseña. Jordy siempre será Jordy Lemoine de cuatro (4) años, Joselito siempre será el Pequeño Ruiseñor… Y vosotras, Tweenagers, a disfrutar que el tiempo pasa deprisa.

Fruty, la fruta de bolsillo

Amiguitos. Amiguitas. Desde lo más profundo del amor llega hasta ustedes una nueva y traumática entrega de Semos lo que Comemos. Esa sección que les trastoca el tracto digestivo tanto o más que el Lametón Negro. Un nuevo fascículo de nuestra autóctona y autoinflingida tortura gástrica que, aventuramos, nos servirá tanto para deleitarles el paladar como para instruirles en el intrincado mundo de la física clasica.
Y es que lo que les ofrecemos hoy no es una golosina cualquiera, una pequeña fruslería con la que pasar el rato, no. Les traemos un engendro pernicioso que solo puede ser fruto de una sociedad desahuciada y abocada a una merecida extinción. La fruta pervertida hasta el extremo más delirante: Fruty, la fruta de bolsillo.

La caja de Pandora
Sí, la fruta de bolsillo, empezamos mal. Porque si excluimos melones, sandias, calabazas y algún que otro albaricoque a punto de estallar a causa de su madurez, todas las frutas son de bolsillo. Se pueden llevar de un sitio a otro facilmente. Pero claro, no vienen masticaditas y embolsadas como el nuevo producto de Juver. Si conceptualemente el producto ya tiene delito, la materialización del mismo es aberrante. En primer lugar y atendiendo a su presentación les diremos que los Frutys, como las desgracias, nunca vienen sólos, sino que se presentan en packs de cuatro (4) unidades; como si en vez de pseudofruta se tratase de cerveza. Un exceso innecesario, una maniobra sucia y mercantilista que nos hace sospechar que Juver quiere ante todo nuestro dinero. Sobretodo, porque se hace difícil creer que después de probar un Fruty le queden ganas a uno de comerse otro.
En esta ocasión y sin que sirva de precedente, optamos por la sobriedad y adquirimos la modalidad de manzana, teniendo en cuenta que también las hay de fresa o albaricoque nuestra temeridad gástrica (aunque parezca mentira) tiene un límite. Cada unidad de Fruty viene en una bolsita de esas de aluminio raruno que puedes estrujar y sobar hasta la saciedad, como un adminículo antiestrés o… como una polla, vamos. Su única abertura al exterior es una boquilla de plástico para succionar el contenido, similar a una bolsa de trasfusión sanguínea o… um, o… bueno, una polla, sí.
En el momento en que hicimos girar el taponcito hasta abrirlo, un intenso olor almizclado y ácido nos envenenó la pituitaria, como si de repente se hubieran materializado ante nuestros ojos mil quinientas (1500) manzanitas verdes de gominola, de esas que le dejan a uno la mano llena de polvo radioactivo y el paladar salivando (o llorando) durante horas. El olor era inquietante pero el verdadero horror llegó con la visión y , más aún, con la cata del contenido. Al presionar suavemente la bolsita, un puré de consistencia paranormal y del color marronáceo propio de los excrementos de un bebé con gastroenteritis, salió expulsado en forma de gotarrones de repulsión reconcentrada. A pesar de esta grotesca y devastadora imagen, nos armamos de valor y decidimos probarlo. Sí, a veces el Amor nos conduce a hacer locuras.
Desde aquí queremos advertirles de estos hechos para que ustedes, mucho más racionales que nosotros, no lleven a cabo tal acto de inconsciencia. No queremos que sientan nunca como esa compota babosa y caliente, llena de extraños matices, aglutinadora de texturas desconocidas en los universos cercanos, pegajosa y resbaladiza a la vez, penetra en su casta boca (¿?). Es una experiencia demasiado traumática, ya no sólo por lo marciano del sabor, sino por el grumo, señores, el grumo. Esa consitencia icntínea no es de este mundo, ese plasma frutal sólo se puede llegar a conseguir mediente tretas oscuras aplicadas a excedentes de manzana que ni los cerdos han querido como merienda. Avisados quedan.

The children just wanna have fun
Pero, ay, amiguitos. Juver, con esta basurilla disfrazada de complemento ideal para la dieta de cualquier retoño, nos pone también al alcance de la mano una herramienta de diversión y jolgorio. Imagínense por un momento que su consumista mamá decide que su almuerzo será una bonita bolsa de fruta plasmática: a partir de ese momento, usted podría convertirse en el pardillo de la clase, en el niño colleja que soporta estoicamente la humillación de consumir la fruta del futuro y al cabo de unos años se suicida para regocijo de los telediarios nacionales. Pero esa no es la actitud, no, debemos mirar más allá y ver como Fruty nos puede servir para ser los semi-dioses del recreo. Los putos amos, los reyes del vacile.
Es en este párrafo (en éste) en el que cogemos la vara del maestro para enseñarles que, como sabiamente instruye el dicho popular, en el agujero pequeño está la buena confitura. Los niños, que no son tontos del todo aunque lo aparenten, aprenden rápida e intuitivamente las leyes de la física clásica y mecánica de fluidos en lo que respecta a una magnitud escalar de efectos empíricos obvios: el flujo. Como ustedes, lectores eméritos y aficionados a la ciencia donde los haya, ya sabrán, el flujo es la cantidad de materia que atraviesa una determinada superficie imaginaria por unidad de tiempo. En la circulación de un fluido por un conducto, el flujo se mantiene constante en todo el trayecto de éste… por lo que un ensanchamiento del cauce de un río implica necesariamente un descenso de la velocidad del agua. Al contrario, si ustedes aplican una fuerza al extremo flexible del Fruty, la velocidad de la papilla en el interior del paquete aumenta dramáticamente al salir por el estrechísimo orificio de la boquilla. Pueden ver un simpático esquema de lo que estamos hablando en el hermosísimo GIF animado con píxeles incluidos que hemos elaborado especialmente para los niños que no saben leer chachi.

Para realizar una experiencia empírica de cuál podría llegar a ser el resultado, cogimos a una persona de peso similar al de un infante (50 Kg de Amanda) y la lanzamos desde una altura equivalente a un salto moderado: medio metro (1/2 m.). El resultado es un experimento feo cuyo ejemplo no deben seguir las niñas y niños que nos leen, porque tirar comida es un pecado muy gordo y cada vez que un niño tira un bocadillo Dios trae una paloma al mundo. Sin embargo debemos confesar que el lanzamiento de Fruty, además de ser un éxito, fue una experiencia de jocosidad elevada de resultado sorprendente: impelidos por una energía de unos doscientos cincuenta Joules (250 J), los noventa (90) gramos de Fruty sobrepasaron con creces los cuatro (4) metros que habiamos previsto en nuestros cálculos, más allá de la acribillada barandilla y precipitándose en un abismo insondable. Pinchen en la foto de los zapatos voladores de Amanda para ver el resultado.


Ya lo dice Juver en su publicidad, la fruta que además de alimentar, te divierte. Que tengan buen vuelo, amiguitos.

Ugly boys don’t cry

A veces, desde este púlpito postmoderno en que se ha convertido el blog, el blog en general, no solamente el nuestro, se tiende a enunciar opiniones propias como si éstas fueran dogma. Todos, absolutamente todos, caemos en eso más a menudo de lo que deberíamos. La tendencia a extrapolar nuestros gustos y estirarlos hasta llegar a cubrir el espectro más amplio posible nos hace hablar de forma demasiado generalista. Son muchas las ocasiones en que parece que representemos a un colectivo o a un estrato social determinado que, en definitiva, no nos ha pedido que los hagamos y que además, por lo general, suele ser lo bastante heterogéneo como para no poder englobarse en todo su conjunto dentro de un mismo lema.
Si llevamos este comportamiento al terreno de lo personal, el asunto se torna cuanto menos peliagudo y, por supuesto, expuesto a herir sensibilidades y egos. Si además tocamos aspectos como la belleza o los estados anímicos como la tristeza o la soledad, estamos entrando de pleno en terreno pantanoso. Porque son circunstancias vitales que nos atañen a todos y con las que para bien o para mal nos vamos a sentir identificados tarde o temprano.
Podríamos ponernos ahora a hablar de la belleza, de lo relativa que es, de lo que ha evolucionado el concepto a con el paso del tiempo, de los pelos que surgen de las orejas, de la subjetividad y responsabilidad que conlleva el hecho de otorgar a algo el apelativo de bello… pero dejando de lado teorizaciones e ingenuidades, todos sabemos que en el mundo hay gente fea y gente guapa y que la mayoría nos encontramos en diferentes escalones entre uno (1) de estos dos (2) extremos. Y si vamos algo más allá en nuestra propia perogrullada, tampoco podremos negar el hecho de que los guapos ligan más que los feos. Se puede esgrimir como argumento que también se deben tener en cuenta factores como la simpatía, el don de gentes o el carisma a la hora de relacionarse; pero no nos conduzcamos a engaños piadosos, así crudamente, el guapo lo tiene más fácil a la hora de tumbar fichas. Sin eufemismos de por medio, se lleva antes a la chica. Sí, hemos dicho a la chica, porque veníamos a hablarles única y exclusivamente de feos, de hombres feos.

Usted no puede pasar, la fiesta no es para feos (caracacreo caracacreo)
La fealdad, la carencia de una estética adecuada a los gustos mayoritarios, es un hecho que sin duda marca de por vida. De él dependen esos pequeños fracasos en las noches de ligue, esas decepciones por una negativa no esperada y por qué no decirlo, también esos grandes complejos que se pueden llegar a arrastrar a lo largo y ancho de toda nuestra existencia. Una apariencia desafortunada por tanto, marca de forma irremisible nuestro carácter, nuestra forma de actuar y evidentemente nuestra forma de sentir. Como todo en esta vida algunos lo llevan mejor que otros, el humor como siempre, suele ser un buen aliado en estos casos. El cinismo es otro. Pero también lo puede llegar a ser la tristeza.
Los chicos no lloran, parece una frase de otros tiempos, acostumbrados y educados como estamos a aceptar el lado sensible y femenino que todo hombre lleva dentro se hace difícil pensar en la vigencia de tal afirmación. En la era de la inteligencia emocional sólo se puede tildar de blasfemia el hecho de contener el llanto y los lamentos. Pues bien, no se engañen, en cierta forma, todavía está mal visto que un hombre llore, sobre todo si esas lágrimas están provocadas por fracasos amorosos, por el rechazo social, en definitiva, por un físico poco agraciado que le ha llevado a cargar sobre sus espaldas demasiadas negativas.
Si bien las tácticas de enumerar un por uno los descalabros sentimentales a otras féminas para hacerse con los favores de éstas o apelar al orgullo herido, a pesar de lo extendidas que están, no parecen las mejores formas de empezar ningún tipo de relación, no suponen una excusa para borrar de un plumazo todas y cada una de las formas en las que puede manifestarse la tristeza. Éstas, a veces, suelen resultar más bellas y conmovedoras que muchas alegrías. El arte, en todas sus vertientes, ha encontrado en ocasiones la más poderosa de las inspiraciones en los momentos de mayor desolación. Las buenas canciones tristes no son una excepción, los buenos músicos atormentados tampoco.

Minutos musicales
Es aquí cuando debemos hacer un paréntesis para exculparnos por adelantado por las sensibilidades que vamos a ofender con este tema, la música. Sí, risueños amiguitos, porque nuestro discurso acerca de la tristeza y la melancolía como opción vital ha ido a embarrancarse en el lodazal más truculento de toda la ciénaga… y es que la música, nuestra amada música, suele despertar reacciones en el cuerpo a nivel químico que a menudo dejan en ridículo los niveles adrenalínicos de cinco (5) Bruce Banners cabreados. Estamos seguros que ustedes despellejarían antes a su vecino favortio por escuchar Los 40 Principales que por el insignificante e hipotético hecho de haber violado el cadáver todavía caliente de su madre con un payaso de Lladró.
Así pues, vaya por delante que esta defensa de la canción triste como medio razonable para cristalizar perlas de desahogo emocional no tiene como objetivo representar una ofensa a sus refinados gustos musicales. De todos modos, ya es increible que tengamos que defendernos por adelantado de unas hipotéticas acusaciones de ortodoxia sólo por el hecho de defender una expresión artística que está de moda denostar.

Seguimos tirándonos piedras sobre el propio tejado
Claro que afrontar la vida desde un punto de vista optimista y positivo es mejor, más efectivo y saludable pero hay quien prefiere, o simplemente no puede más que, cantar sus penas. La banda sonora de nuestras vida se nutre muchas veces de esas músicas y muy posiblemente, en algún que otro momento complicado, nos ha reconfortado oír como esa letra o ese verso se amoldan a la perfección con nuestra situación y explican mejor que nosotros mismos lo que sentimos en ese instante. Por eso, resulta aun más sorprendente la actitud de desprestigiar a un artista por el mero hecho de estar triste. Sin tener en cuenta la calidad de su obra. Juzgarle por su estado anímico y no por su trabajo. Rechazar de pleno una canción porque no es alegre. Es muy probable que esa persona que halla en sus discos un medio para susurrar sus penas sea un ser torturado, difícil de soportar, con graves problemas para relacionarse o incluso feo. Es muy posible también que una charla con él llegara a hastiarnos a causa de sus continuos lamentos. Pero esos son hechos que quedan al margen de su faceta como músico. Y en el fondo, lo único que vamos a hacer nosotros es escuchar sus canciones, no irnos de copas con él. Para hacer una buena canción no hace falta ser guapo, ni feo, ni llorar, ni reír. Hace falta talento e inspiración, y eso se puede esconder detrás de cualquier apariencia.
Además, todos en algún momento de nuestra vida, en alguna situación, hemos sido un feo que llora. Algunos lo son siempre, allá ellos con su vida, pero piensen que a veces son esas mismas personas las que pueden crear belleza de melancólica frialdad… ¡Ah!, pero es más fácil destruir y criticar que construir y apoyar… y más aún cuando la corriente inexorable del nomegustismo gregario está de parte de uno. Así que por lo menos esta vez, dejen que nos posicionemos del lado del más débil… y feo.

Una vidente gitana lo descubre

¿Por qué a los leprosos les pasan cosas raras?
Durante miles de años los chamanes, alquimistas y científicos se han preguntado por qué el tránsito vital de los leprosos era tan turbulento y agitado. Ayer, una gitana desdentada de Ciudad Mandril descubrió el secreto de esta excitante vida.
El gran misterio que siempre ha girado en torno a esta dolencia ha sido por fin resuelto por María Antonia Cabestrudo-Montoya. La quiromante asegura que las lesiones en la profundidad de la dermis son suficientes para trastocar el trazado de línea de la vida, esa esbelta curva que todos tenemos en las manos y que rige con férreo y ciego rigor nuestros destinos. Afirma la gitana que, consecuentemente, esta distorsión hace de las leproserías lugares repletos de novedades y sorpresas, una tras otra. Miles de ciudadanos y otras personas se están concentrando en estos instantes delante de estos sanatorios para frotarse con los enfermos más afectados, y poder así contraer la enfermedad que acabará con el tedio y la rutina en sus despreciables vidas.
Se han acabado por fin esos días en los que las únicas personas que podían divertirse eran los privegiados genéticamente afectados de vitiligo y psoriasis reumatoide. Ahora cualquiera puede abrazar a un leproso y sentir como el gozo le llena su infectado cuerpo; al fin, los ciudadanos de la próspera nación de Occidente nos podemos librar de un plumazo de esa plaga que asola nuestras salas de estar y dormitorios: el mundo por fin libre de mandos a distancia.


Ofrezca a sus nietos e hijos una mano de lepra y ¡a disfrutar, que son dos días!

Basado, inspirado, casi plagiado de Terrible Hechicero Anarquista… a modo de homenaje, claro.

PAEDOLEFA

(DEDICADO A LOS INTEGRISTAS DE LA CUNA)

Tengo doce años.
Me llamo Cristal. La culpa la tiene una telenovela.
Tengo novio. Se llama Jacobo.
Va a cumplir treinta y siete.

Mi novio me enseña muchas cosas de la vida.
Sé cuál es la postura del misionero. Sé que es un sesenta y nueve. Y un beso negro. Y un griego. Y un francés.

Me están saliendo las tetas.

Me miró me gustó le dije dame un cigarrito no debes fumar tan joven.
No soy joven, le dije.
Me invitó a una coca-cola. Me besó. Le besé.
Llevamos seis meses saliendo.

Quiere conocer a mis padres. Dice que está enamorado de mí. Es profesor en mi colegio. Me dice que está harto de ver niñatas.
Que yo le gusto mucho.

Me ha regalado un móvil 3G que guardo en su casa, adonde voy en vez de jugar al parque. En su casa me enseñó a hacer el amor. Las primeras veces me dolió.
Era virgen.
Tiene una tranca muy grande y gorda, que casi no me cabe en la boca.
Le gusta correrse en mis pies.
Dice que tengo un pie de princesa y otro de puta.

Mis padres no saben nada.
No lo entenderían.

Ellos no verían más que la diferencia de edad. De nada les valdría saber, como saben, que soy muy responsable y adulta para mi edad. Ellos querrían un niño de mi edad. Inofensivo.

A mi edad, los niños no tienen polla.

Ahora me dice que quiere darme por el culo. Me ha comprado un juego de expansión anal, creo que se llama. Unos tubitos estrechos y otros más anchos, para que me vaya dando de sí. Dice que no quiere, que no puede hacerme daño.

La lefa le sabe rica y espesa. Me gusta ese calor amargo perfumando mi boca.

Una vez mi madre me olió el aliento recién llegada a casa. Le dije que era un nuevo sabor de chicle. Me dijo que le gustaba. Que si tenía uno para ella.
Creo que nunca se han corrido en su boca.
En la mía sí.
Soy joven.
Soy casi una niña.

Quince (15) años (años) tiene mi amoooor

Quiero parir un tamagochi

Basado en hechos estrictamente reales

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Esta prueba es efectiva a partir de las 48 horas posteriores a la gestación y tiene una exactitud del 99.99% en caso de ser POSITIVO, y del 100% si es NEGATIVO.
La prueba consiste simplemente en completar una forma que te será enviada. Luego de completarla nos la reenvías y en minutos obtendrás la solución, todo este proceso puede llevarte no más de 10 minutos y el único requisito técnico es que lleves más de 48 horas de gestación.

 

Sí, queridas amigas, han leido bien. La red, nuestra amada red, siempre evolucionando no sabemos muy bien hacía dónde, nos ofrece también ahora tests de embarazo on line, y con un 99.99% (noventa y nueve por ciento) de fiabilidad, en el peor de los casos. Todo un logro, no lo duden. Aún nos estamos preguntando (e imaginamos que ustedes también) como es posible que, rellenando un simple formulario, la críptica información del organismo femenino en gestación se traslade a nuestros ordenadores y de ahí al internet. Nosotros, pobres necios, pensábamos en nuestra ignorancia que para extraer información del cuerpo humano a nivel bioquímico sería necesario instrumental médico, llave inglesa y unos alicates. ¡Ah!, la información no ocupa lugar, es bueno aprender cosas nuevas.

Distopía pero limpia
Y es que con la constatación de estos pequeños avances, es cuando uno se da cuenta que nos acercamos cada día más a ese mundo aséptico, esteril y desnaturalizado en el que todo ansiamos vivir. Qué es más representativo de ello que un test de embarazo sin fluidos corporales de por medio… pues nosotros se lo decimos amorosos, un embarazo on line, sin molestos y pegajosos humores mediando. En un mundo lleno de intrincadas conexiones y silicio a tutiplén, el embarazo y el parto son conceptos totalmente extemporáneos, en la era de la comunicación no hay lugar ni tiempo para engorrosos procesos físicos. Entiéndannos, ya sabemos que el sexo a través de la red existe desde hace tiempo, que nos lo ha contado un amigo, pero hace falta avanzar, dar un paso más.
La gestación cybernética, la procreación en forma de bits. La lefa ya no está de moda, amorosos, la inmaculada concepción es el futuro.
Que tengan suerte este fin de semana en La Sala del Dr. Amor, pequeños Pajares y suequitas de la red de redes.

Correos

Hola, amiguitos…
No.
Aunque el engañoso título pueda llegar a hacerles pensar lo contrario, este pequeño articulín no tiene relación alguna con la temática que se viene tratando estos días en su página de amor inabarcable, la de la lefa y el amor hacia seres inanimados y cosas por el estilo. Verán, es que hemos tenido un ligero encontronazo con esa primigenia e informe entidad extraplanar, proviniente quizás del Séptimo Infierno, que es Correos y Telégrafos.
Sucedió el otro día, cuando sus fieles servidores Amanda y Casimiro, los Amorosos Primeros, nos dirigiamos a nuestra delegación de Correos más cercana con el objeto de envíar (por fin) las chapitas a todos aquellos de ustedes que nos habían mandado un pedido vía e-mail. Nuestra intención, oh ingenuos de nosotros, desconocedores del ominoso final de esta historia que nos aguardaba, era hacérselas llegar a ustedes por contrarreembolso a cambio de una módica cantidad de beneficios para la organización carter(ist)a.
Así que, armados con nuestro amor y nuestros sobrecitos profusamente decorados y personalizados, nos encaminamos a enfrentarnos con nuestro destino: La Oficina de Correos y sus maquiavélicos empleados. Hay que puntualizar que el aspecto general del lugar ya era ciertamente descorazonador, pues como viene siendo habitual con algunas notables excepciones, la “oficina” lucía un aspecto más acorde con unas duchas nazis o un campo de concentración croata que al de un puesto de trabajo para oficinistas al uso. Y fue en el mismo momento en que nos enfrentábamos a esta dura y sucia realidad, contra la que nos chocamos como si fuese un muro de hormigón, cuando el mefítico pseudo-funcionario nos reveló que por varios motivos crípticos y oscuras sumas de factores inhospitos relacionados con tarifas truculentas que… ¿qué ibamos diciendo…? ¡Ah, sí!, el resumen es que tendriamos que cobrar las chapas a nueve euros con sesenta y ocho céntimos (9’68 ‚¬) para no tener pérdidas.

Hay una luz al final del camino
Derrotados, abatidos pero no vencidos, nos dirigimos a nuestra guarida mostrosa a lamernos las heridas y decidimos que a partir de ese momento nos íbamos a mover por el único sitio en que sabemos hacerlo, internet. Por eso hemos dispuesto para ustedes, ahí en la barra lateral, nuestro puestecillo on-line de chaperos, para que sin salir de su casa pueda usted encargar, pagar y recibir su merchandising amoroso favorito. ¡La ciencia avanza que es una barbaridad, oigan!

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