25
Noviembre
2007
Analgesia emocional infantil
Hola hola gentes de internet, llega de nuevo uno de esos artículos de Lametones de Amor que ya nadie lee; es decir, los que tienen letra. Hoy tenemos que hacer de defensores de una causa cultural en favor de las futuras generaciones, si es que llega a haberlas, porque aunque seamos partidarios de la extinción voluntaria y pacífica de la humanidad esto no implica el sacrificio de los retoños aún por desarrollar como personas adultas y de verdad. Además, a modo de terapia, intentaremos ser lo más sintéticos posible… a ver si se nos pasa la enfermedad de la divagación.
La cuestión que nos ocupa y preocupa es la calificación del DVD de la popularísima serie Barrio Sésamo como material para adultos. Así es, ya sabemos que habrán leido la noticia en su periódico de referencia, pero no por ello se van a salvar de nuestra necia reflexión ni del enlace de rigor. Esta calificación no está hecha a la ligera, es más, se veía venir. A saber:
- Niñas casquivanas que van a tomar vaso-leche-con-galletas a casa de desconocidos hombres adultos.
- Monstruos de peluche azul. El azul no es un color natural para el pelaje.
- Monstruos de peluche azul que comían frenéticamente galletas (de forma simulada) y se comportaban a menudo de manera compulsiva y estúpida.
- Monstruos de peluche azul bulímicos. Triqui siempre fue nuestro favorito.
- Relaciones xenosexuales entre cerdos y ranas.
- Vampiros. Los vampiros son aberraciones sobrenaturales del orden divino y no son buen ejemplo, aunque le enseñen a uno a contar y reirse mucho.
- Peluches con síndrome de Diógenes en diversos grados.
- Peluches
mariquitasambiguos que compartían no sólo piso, no sólo habitación, no sólo DUCHA, sino también jabón. - Peluches esquizofrénicos y paranoides graves, con tendencias suicidas.
- Escenas de surrealismo puro y duro, como la de la maquina del millón o el “maná-maná” que todos ustedes se habrán chupado en el Youtube unas cuantas veces.
Realmente, todos estos comportamientos son intolerables y sólo un gobierno que conduzca a su pueblo a la anarquía y a la concupiscencia pecaminosa (como el de Zapatero) permitiría que los protohombres y protomujeres sufriesen el azote de tan obscenas escenas. Por fortuna un país civilizado como los U.S.A. ha extirpado el cáncer de la imaginación y han hecho que Triqui sólo pueda comer zanahorias.
Penúltima consideración. Si estos episodios son material para adultos, ¿se los comprarán jóvenes de la generación del grunge para videarlos en sus poderosos equipos digitales, cómodos en la burguesa posición desahogada del adulto comprador de merchandising de los Autos Locos? Muerte a la nostalgia. Os odiamos, hijos de puta.
Si Madeleine no hubiese visto tanto Barrio Sésamo y la hubiesen educado correctamente ahora sabría que las drogas son malas y no estaría ahora de parranda por ahí. Ende.
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