24
Junio
2007
Las mentiras sobre nuestro señor JC
Saludos, niñas y niñas de la tierra. En este día de hoy en nuestra bella megalópolis vacacional posmoderna de la hostia se celebra con gran gasto de pólvora y petardos la festividad de San Juan. En estas fiestas paganas de celebración de las dádivas de la naturaleza y regocijo estival con el equinoccio se han juntado dos (2) conceptos que no deberían haber cohabitado nunca en esta dimensión: inmigración y explosivos de potencia de baja a moderada. Si uno transita las calles o las plazas del centro urbano no se sabe si los niños están jugando a destruir cosas (eso sí que mola, ¿eh?) o si uno está contemplando la preparación de los muyaidines del futuro, porque el gusto que le tienen al petardeo (en el sentido más literal de la palabra) los pueblos que vienen de allende nuestras fronteras es más que notable. Junten esto con el furor del nuevo converso al estilo de vida capitalista y obtendrán como resultado un dispendio en armas de proyectiles en potencia que haría las delicias de cualquier manifestante antiglobalización.
En esas estábamos, contemplando los movimientos brownianos de las nubes de pólvora y humo en una céntrica plaza cuando pudimos comprobar que este San Juan era dóblemente fatídico si uno deseaba reunirse con gente que no es uno mismo en sitios públicos. Es decir, quedar con alguien puede poner a prueba la salud mental propia, porque a los explosivos estallando alrededor y a la toxicidad de la atmósfera hay que sumarle el riesgo añadido de sentarse a leer en un banco público en domingo. ¿Que qué tiene que ver eso con nada? ¡Ah, pipistrellos!, afortunados aquellos que desconozcan los peligros implicitos del día del señor, porque no han tenido que enfrentarse a “ellos”.
No son humanos
Que los proselitistas son un coñazo es algo que viene implícito en la misma acepción del término, más aún cuando éstos buscan nevos adeptos para su doctrina basándose en argumentos que requieren una aceptación previa de hechos no demostrados ni demostrables, léase fe. Ya se pueden imaginar la situación: nosotros, sentados a la sombra de un sol abrasador, con la distracción que supone la detonación periódica pero aleatoria de las pirotecnias varias y concentrados en nuestros hábitos de lectura cuando se nos acercan dos señoritas de origen transatlántico del sur. Sin previo aviso nos asaltan dirigiéndose a uno de nosotros manteniendo la siguiente pregunta surrealista: “Perdona, ¿estás leyendo ese libro?” De acuerdo, se puede fingir que se lee un libro o un periódico en determinadas situaciones, por ejemplo si uno es agente secreto o no desea ser molestado por sus semejantes. Sin embargo, en cualquiera de los casos la pregunta es fútil, porque la respuesta será obvia o un sarcasmo.
Entrando en detalles, el librito al que se referían las señoras de etnia alternativa era uno que al ser de prestadillo decidimos forrar con papel de embalar para evitar desperfectos. No contentos con la apariencia general del mismo, afeada por la protección, le dibujamos en la portada una Gioconda lamentable con un bolígrafo azul y escribimos en el lomo y en la contraportada el título y la sinopsis respectivamente. Decían así:
El código da Vinci
Es la historia de un tipejo (Tom Hanks) y una tía (Audrey Tatou) que van por París resolviendo misterios y poniendo en evidencia al Opus Dei. Al final ella es la prima-nieta de Jesucristo, o algo así.
Ahora que ya se pueden hacer una idea de la apariencia externa del patético tomo pueden suponer que ante nuestra respuesta afirmativa, ellas contestasen aduciendo una serie de argumentos en detrimento de Dan Brown y denunciando todas las mentiras que en ese libro se cuentan sobre nuestro señor Jesucristo (sic).
Como iban cogiendo carrerilla para arengarnos en la lucha contra el Maligno les paramos los pies argumentando que en realidad no era más que un forro, que era una broma sin gracia que sus ingenuas mentes no habían coseguido abarcar ni comprender. Porque en realidad lo que se ocultaba tras las tapas de falsete era Pop Control, una bella colección de artículos sobre los usos y costumbres de la cultura postindustrial y de como ésta ha convertido la ultraviolencia en el opio del pueblo civilizado. Del genocidio nazi a la conspiranoia terrorista, el autor nos da una serie de píldoras de humor negro que no tienen desperdicio alguno. Compren Pop Control, lean Pop Control, les será útil en la vida y para espantar visitas inesperadas.

Evangelistas: 0 – Lametones de Amor: 1

Ya que lo han pedido un par de veces y para ahorrarles disgustos, nos hemos hecho con los servicios de un amigo-con-escáner para mostrarles nuestra obra dibujada a boli Bic. Hela:

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