Feliz domingo, rutilantes amorosos. Llevamos unos cuantos días deseando escribir acerca de El Téma de Actualidad con mayúsculas y tildes innecesarias, pero a la vez aturdidos por la vorágine espiral de acontecimientos cada vez más sórdidos y/o truculentos. Estamos hablando, por supuesto, del affaire Pantoja y de la previsible reacción popular ante las últimas revelaciones judiciales y periodísticas de los periodistas de investigación de la cantera del Aquí hay Tomate, cuyas indagaciones y tejemanejes dejan a la altura del betún las burdas maniobras de la Milá, del Pedro J. u otros necios incapaces de siquiera sacarle unas declaraciones polémicas a Rappel.
Y es que para ser un papparazzo de la noche no basta con formarse en la ortodoxia académica, hay que tener el hígado férreo y haber frecuentado más el bar de la facultad que las propias aulas. Como nosotros mismos, vamos. Y no piensen que queremos hacer una apología del papel couché, pero es que este tema ha trascendido las páginas rosas. Nosotros pensábamos que la floclórica había alcanzado su cúspide absurda con la denuncia al dúo Martes y Trece por su famosa actuación de fin de año, con aquel especial presentado por Encanna Sánchez e Isabel Pantoja protolésbicas post-transición. Pero no, ya saben que el conejo tira al monte y a esta mujer le va la marcha judicial que no vea usted… aunque en esta ocasión el flujo kármico se ha invertido.
La droga es muy mala y la vida es muy bonita
Encuentre las siete (7) diferencias
No sucede cada día, eso de que metan en el trullo a una artista de la talla de Isabel Pantoja (o de Paris Hilton) y menos que esto suceda por un “quitame allá esos milloncejos” destinados a la compra de ganado. Lo habitual, al menos en el extranjero, es que algún personajillo en/descocado del mundo de la farándula protagonice algún escándalo relacionado con la necia droga y se pase un par (2) de días en un frío calabozo por ofrecer piruletas en la puerta de algún colegio de primaria hasta que sus abogados limpien su nombre a golpe de talonario.
Pero a orillas del Mediterraneo no han sido los excesos con la dama blanca o algún otro veneno químico lo que ha hecho saltar las alarmas del escándalo, sino una adicción mucho más traicionera: el parné.
La cosa tiene bigotes
Nosotros, si fuesemos unos malintencionados de esos, podriamos pensar que la Pantoja hizo suya la célebra frase de Sancho Panza y allá donde fue, hizo lo que vio. O que aturullada por el amor que profesaba a Cachuli, excamarero post-alcalde y fallero mayor de las comisiones marbellís, se solidarizó con éste en la ardua labor del robo (sin estupro) a jornada completa. De otra forma no se entendería el origen del capital destinado a la compra de trescientos (300) toros bravos para su dehesa de la finca Cantora, más el millón (1.000.000) y pico de euros ingresados a nombre de sus distintas sociedades o la simpática anécdota de los casi sesenta mil (60.000) dólares que guardaba la cantante repartidos entre un cajón y su bolso y que según ella estaban destinados a gastos de diario (sic).
Es más, esta segunda versión, la de la pareja feliz dedicada en cuerpo y alma al robo, en arte y tronío al apropiamiento de lo ajeno, pese a ser ficticia y supuesta (al menos de momento) gana cuerpo y matices argumentales al contemplar la histriónica reacción del mostachudo Julián Muñoz ante la resolución de lo que para todo el mundo era la crónica de una detención anunciada. Ni corto ni perezoso, emulando a celebridades carcelarias recientes, el hombre con más causas pendientes de Andalucía y parte del extranjero ha anunciado que inicia una huelga de hambre como protesta ante el trato vejatorio del que ha sido objeto su Isabel. Nosotros tenemos dos teorías acerca de esta medida tan radical: o bien aguanta sin comer durante apenas unos días ante el escaso eco de la prensa o bien el Cachuli tomará como maestro a nuestro idolatrado Ángel Cristo y se comerá los bocatas a pares cuando piense que nadie le está grabando. O ambas.
Y por cierto, sin abandonar aún la saga “grandes paralelismos lamentables de la historia de la joven democracia española”, hemos podido oir en boca del exministro popular (del pueblo) Arias Cañete, otrora conocido por los atracones de ternera que se pegaba a costa de la encefalopatía esponjiforme, una frase que es más propia de un delirio etílico-digestivo en un bar de esos en los que varias decenas de estratos de colillas al pie de la barra han generado ya derivados tabaquiles metamórficos que de un prohombre de una nación occidental. El símil en cuestión venía a equiparar la situación de Isabel Pantoja y la del etarra De Juana Chaos, argumentado que este gobierno sin valores y sin nada mantenía en la calle a terroristas mientras encarcelaba a artistas de bien. Lo que se dice confundir el tocino con la velocidad, o sumar peras con manzanas, vaya… Aunque en esta línea de declaraciones populares absurdas, la que nos ha gustado a nosotros ha sido la del expresidente del gobierno de España, don Jose María Aznar, que venía a dar a entender que el cuando cogía el coche no había ni Dios ni amo que le dijese lo que tenía que dejar de beber o a cuánto poner su carro de la muerte (como Paris Hilton). E un diávolo…
Más coches y artistas
El pueblo marbellí, al conocer la noticia de la detención de la über-folclórica trash se concentró frente a los juzgados esperando la salida del Audi de la Pantoja, esperando el ansiado momento de arrojar los improperios que le tenían reservados. Porque, siguiendo con las analogías chungas, atropellen-maten ustedes a un joven y monten una chapuza de coartada que se desmonta a la que los policias ponen la vista encima y seguirán ustedes siendo unos Farruquito’s que han cometido un grave error en su corta y loca vida. Pero como toquen un solo penique del erario público, ¡ah, amigos!, eso es ROBAR, dios nuestro, y se habrán granjeado ustedes el odio del pueblo para toda la eternidad que está por venir. Esto último se traduce a: hasta que aparezca otro Goldstein aún pero que el anterior al que detestar.
Y bueno, ya para finalizar y siguiendo con el tema de las némesis de todo lo vivo, el que tiene que estar pasándolo mal en todo este turbio asunto es Paquirrín, alias Quico, alias Francisco, alias Saco de Boxeo del Marujeo. Ya se sabe que los que más sufren las tensiones familiares son siempre los niños, y nuestro Quico no es diferente en esto: si ya es chungo que a tu padre lo matase Avispado, un toro cuyo nombre delata más intelgencia que la tuya propia; que a tu padrastro lo acusen (injustamente) de un número de delitos urbanísticos que tu certificado de escolarización no te permite conocer; que a tu madre la acusen no ya de tortillera sino de haber robado y colaborado con su Cachuli… si no bastaba con eso ahora los buitres negros de la prensa rosa se ciernen sobre cualquier momento que el chaval dedica a su esparcimiento. No contentos con hacer chanzas sobre las aspiraciones taurinas (que no quiere decir que esnife como un toro) de nuestro joven barrilete, ahora se le acusa de putero y de viva-la-virgen simplemente por una incursión al selecto club sevillano Supercolores, cuyo nombre proviene del arcoiris de procedencias de las putas señoritas que allí trajinan.

Y pese a lo que dijimos hace unos días en este mismo espacio, es bien cierto que tal vez Quico se merezca una dosis de privacidad en su vida que le dignifique como ser humano y nos convierta a todos en mejores personas… pero es que se vende taaaaan barato. Ya para matar definitivamente este soliloquio infernal y abigarrado, nos queriamos despedir con unas palabras del tristemente desaparecido Ortega Cano, en refencia justamente a lo más importante en el mundo, el hogar y los tuyos: “Dejar en paz a las familias, coño”.
Presuntamente.
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