Hola niñas y ñoños, bienvenidos una vez más a Lametones de Amor. Sea porque empieza una prometedora semana laboral, sea porque venimos con los cerebros al baño maría a causa del cásting de Ultraplayback que aconteció anteayer mismito con un sol de justicia sobre nuestras níveas quijoteras, nos aparecemos ante el teclado con gran ímpetu y voluntad para relatarles una bella historia de Amor. No huyan todavía, malandros, que esto no es más que el principio y aquí hay mucha tela que cortar.
Intuimos que no se acordarán ustedes del Arzobispo Milingo, un olvido que en caso de darse estaría totalmente justificado sobre la base de que ocupar los valiosos espacios de memoria en estas nonadas le resta a uno capacidad para recordar a todos los concursantes de GH habidos. Para serles sinceros, nosotros tampoco es que estuviésemos pensando en su sagrada persona todos los días pero al menos tenía un huequecito en un polvoriento rincón de nuestra memoria. Sin embargo, aunque el nombre del individuo no les evoque gran cosa seguramente sí lo harán sus famosas hazañas en cuanto se las nombremos.

Milingo Witch Hunter
Por lo que hemos podido averiguar, el arzobispo de Lusaka allá-por-Zambia lleva varios lustros dando espectáculo internacionalmente con varios asuntillos que le rodean, pero el tema principal del cachondeito son sus desaveniencias con la Iglesia respecto a una delicada cuestión: la del refocile setsi. Así es, amiguitos, Milingo es una de esas excepciones de la norma eclesiástica, una de esas raras voces que saliéndose del ortodoxo voto de castidad abogan por el roce (que hace el cariño) y el matrimonio. Cabe apuntar que en su caso concreto sería con mujeres adultas, ajustándose más a ese modelo parroquial agreste de cura mujeriego, borrachín y manirroto que todos conocerán por sus visitas al pueblo y por lo alegre y ubicuo del personaje (ref.: Padre Johnny) que al párroco seguidor del Paradigma de Houston de gustos homo-lolitófilos.
Sin embargo, como ya les hemos anticipado, no es su gusto por el bello género el único motivo de reproche que ha encontrado la curia vaticana en las actividades. A menudo se le ha acusado de brujo, de cazador de demonios, de sanador charlatán y de estar secretamente afiliado a la Secta Moon, a lo que él contesta con recomendaciones de exorcismos masivos y sacando discos al mercado con composiciones propias contando sus proezas católicas en el África zulú.
Volviendo al tema principal del Milingo…
Tal es su calidad como apólogo del matrimonio para los sacerdotes que Milingo, ni corto ni perezoso, hizo valederos los contactos que llevaba manteniendo con el popular Sun Myung Moon de toda la vida para que el líder y Mesías de la popular Secta Moon le escogiese personalmente una esposa norcoreana con la que casarse. Así, a la valiente y sin avisar, apareció un día en New York y contrajo matrimonio con una tal María Sung por los ritos de la secta ultraderechista en una ceremonia a bombo y platillo de la que se hizo eco medio mundo (la mitad del mundo que tiene televisión, vamos).
Obviamente, el Vaticano en general y Su Santida Juampa en particular se ultrajaron y se rasgaron las vestiduras ante tal desmán, llamando a la oveja negra a una audiencia con Wojtylla in person bajo amenaza de excomunión. Tras la entrevista, el magnánimo papa polaco, éste (imaginamos que enternecido en parte por la marcada tendencia anticomunista de la Secta Moon) perdonó al hijo pródigo y tras una discupa pública nada más se supo de él durante cuatro (4) largos años. Su ex-esposa se puso inmediatamente en huelga de hambre, denunciando que a su Milinguito lo habían secuestrado los curas malos del Vaticano y que quería saber la verdad, pero ni por esas se le hizo caso.
No fue hasta hace apenas unos días que el otrora arzobispo de Lusaka apareciese de nuevo en New York, convoncando una rueda de prensa sorpresa, anunciando que como su norocoreana cónyuge había preconizado le tenían recluido en un monasterio perdido en una ignota región de la desconocida Italia. Y para no defraudar a sus fans y agriar a los burócratas vaticanos, haciendo de nuevo apología de su causa: ¡la causa del Amor Parroquial!

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