Hola, hola, ñoñis blanditos. Chicos modernos, ustedes que están tan interesados por la moda y las tendencias les gustará saber por fin se ha acabado la tortura de la depilación. Esto, que bien podría ser el paradójico eslogan de una de esas máquinas arrancapelos de diabólico aspecto, es el nuevo lema del Hombre con mayúsculas, el que tiene un Audi A4. El antiguo modelo de comportamiento, el metrosexual, está caduco, oxidado, corrompido y ya prácticamente borrado del recuerdo de todo ser humano: larga vida al Übersexual. La evolución no respeta los convencionalismos, ya ven. Pero el hecho de que la gran máquina cíclica del capitalismo reinvente cada cierto tiempo las tendencia a seguir es algo que no escapa ni sorprende a nadie, el tipo duro y rudo, el afrancesado metrosexual y ahora el germánico übersexual no son más que eso, modelos prefabricados en pos de una estandarización de la sociedad del bienestar. Sin embargo, no deja de ser curiosa la diferenciación de género que conlleva este hecho.
She is a model and she is looking good
Las mujeres llevan siglos sometidas a la esclavitud de la moda, a lo que toca llevar esa temporada, al dictamen de los escaparates de Inditex. A veces logran escapar ficticiamente de este yugo para caer entonces en la más rabiosa modernidad, en lo alternativo, lo cool…pero al fin y al cabo, que hay más tendencioso que esto. Pueden negarlo si quiren, pero en el fondo de nuestros corazoncitos todos sabemos que es cierto. La moda… algo que hasta hace bien poco parecia una exclusividad del lado femenino de la vida, y en cierta forma lo sigue siendo porque lo que aguarda al hombre moderno es un castigo peor. Las tendencias masculinas trascienden lo meramente estético para zambullirse en modelos de comportamiento, en roles ridículos que a modo de justicia kármica vengadora se ciernen sobre los hombres del mundo occiental.
Boys don´t cry
Tomen nota, señoritos, porque les vamos a anunciar cuál es el modelo a seguir en el futuro cercano. A partir de hoy van a dejar de verse en los anuncios de perfumería masculina y de ropa deportiva torsos impolutamente depilados y hombros curvos. Ahora les va a tocar a ustedes, melifluos todos, enderezar la espalda y beberse cada mañana un lingotazo de coñac, de c·o·g·n·a·c del bueno no esa mierda de Terry que bebe su padre, para amoldar su voz a la del auténtico UBERSEXUAL. Un tío duro, curtido en mil trifulcas pero galante en todas ellas, que luce una limpia y recortada barba de tres días mientras cuida de los críos o juega a cartas con los amigotes. Porque esa es otra, la figura del übersexual se aleja de la mujer como amiga y abraza (varonilmente) de nuevo al compañero de trinchera con el que compartir un vasazo de Cardhu. La mujer retoma por tanto el papel de objeto de deseo sexual para el hombre y deja de ser un modelo a imitar en cuanto a estética y pose; mientras el metrosexual quería tener el cutis fino y elástico de una fina dama, el übersexual arruga el rostro en una seductora mueca lobuna en busca del favor sexual de la misma señorita.
Y sobre todo, lo más importante para el hombre-que-viene según prestigiosas “gurús del sector publicitario” (sic), es que éste es un triunfador en todos los campos de la vida. Social y laboralmente, nuestro especimen es poliédricamente perfecto, y su brillo y esplendor es tan intenso que sus congéneres no parecen sino sombras de parodias de burlas humanoides que acompañan la maravillosa vida del Übersexual. Por fin la gran maquinaria del márketing mundial, en un gesto que le honra pero no justifica, nos revela cuál es el ingrediente secreto que todos deseamos y que se nos ofrece veladamente en el interior más profundo de cada uno de los productos: el éxito, el puto dinero…
Los übersexuales también somos personas, camaradas.
Y es que la vida es dura, señores, y a diferencia de las mujeres a ustedes no les bastará con reciclar su armario de cara a la nueva temporada para estar subidos en la ola de la tendencia. Ustedes tendrán que reforjar sus propios egos a golpe de ese martillo de vórtices cambiantes que son las “tendencias urb”, construirse una vida nueva y triunfar, triunfar siempre en todo para así poder mutar en la próxima temporada, en la que tocará ser amistoso con los niños y con los perros, mientras en la siguiente deberán ser ustedes solidarios con la causa del tercer (3er) mundo pero hogareños. Pero, a qué es debida esta diferenciación entre ambos generos, por qué esta mutabilidad metafísica con la que fustigan al ser humano masculino mientras que el femenino se limita al más superficial y vacuo mundo de la vorágine del pret-a-porter; pues imaginamos, pensamos, creemos que el origen de esta divergencia se halla primordialmente en el hecho irrefutable que a los hombres, seres de baja volubilidad y apetencias previsibles, les gustan todas las mujeres. Sí, amigas, esa es la dura realidad pese lo que puedan decir los anuncios de müesly.
Rodolfo, alcánzale a la señora otro Trankimazín…
Pero sobre todo, recuerden, es muy importante, que lo que se lleva ahora no es el hombre que llora con la desgracia de Marco; ahora hay que ser uno de esos que abraza a su pareja y le dice con una sonrisa paternalista ‘Tranquila, pequeña, eso nunca le pasaría a nuestro hijo… ‘
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