28
Mayo
2004
Marx, domingueros y el guiri
¡Hola, lectores del amor! A continuación vamos a hacer un comentario relacionado con filosofía del siglo XIX (19), pero no se preocupen y no se vayan así de repente, que será modo brainless (¿y cuando no lo es?). Estarán de acuerdo con nosotros si les decimos que Karl Marx fue uno de los pensadores más influyentes de su siglo, y seguramente el más influyente entre sus contemporáneos. Los regímenes que se han declarado marxistas se pueden contar por decenas y hasta hace dos días (históricamente hablando) más de la mitad de la población mundial vivía bajo el malvado yugo de la hidra roja. ¡Qué malos son los comunistas a ojos del neoliberalismo!
Nosotros, con nuestro punto de vista parcial y limitado limitadísimo, nos apropiaremos de la acepción marxista del hombre: el ser humano se define por su capacidad de trabajar, no sólo para sí mismo sino también para los demás. ¿Ven? Todo el mundo puede trabajar y producir algo; incluso los famosetes de tres al cuarto producen algo (aparte de caspa y náuseas), si no ¿de qué vivirían los redactores del Lecturas? Así que, esgrimiendo este argumento, podemos decir que si un humano no ejerce su derecho al trabajo pierde su condición de humanidad y, por lo tanto, su raciocinio e intelecto. Se convierte en un ente gris e indefinido, no muy alejado moralmente de un paramecio.
Y es en este punto cuando tenemos que hablar de esos periodos de inactividad forzosa que en Occidente (con mayúsculas) nos autoimponemos: el domingo y las vacaciones. Estos espacios en el tiempo que periódicamente vivimos deberían ser aprovechados para reposar. Sin embargo podemos comprobar como una y otra vez llegan las vacaciones y el tumulto humano se embarca en una odisea que ríase usted de Homero. El periodo vacacional, la época que ocasiona más divorcios, se convierte en una fuente de estrés y preocupaciones: una obligación más, otro escalón en la cadena de consumo. Y, lo que es más inquietante, una fuente de estupidez antinatural, desnaturalizadora.
La naturaleza, que es muy sabia, también tiene algo que decir al respecto de los viajes. Las aves migratorias recorren miles de kilómetros para trasladarse a latitudes más apropiadas cuando llegan temperaturas extremas. ¿Que hace calor? Pues al norte. ¿Que hace frio? Pues al sur. Ahora comparen estas traslaciones con los movimientos humanos que ofertan las agencias de viajes masivas. ¡Al reves! ¿Conlleva este comportamiento algun percance al organismo? Insolaciones, millones; quemaduras de tercer grado, habituales; indigestiones, a patadas (esas ensaladillas…); extravíos en la nieve, a la orden del día; congelaciones, alguna que otra. La pérdida de toda conexión sináptica y de toda entidad moral se puede observar perfectamente en los hooligan-resorts, como Lloret de Mar o Sant Antoni Abad; estos lugares no son buenos ni malos, pues su esencia trasciende más allá simples conceptos llegando a un estado de inhumanidad que acongojaría a los Primigenios más aberrantes. La situación se hace aún más escalofriante cuando se llega a la conclusión que los seres que se hallán ahí, revolcándose por la inmundicia, no son ni salvajes tercermundistas ni niños de la guerra ni productos de un régimen totalitario, sino simples currantes londinenses o de Sheffield.
Acabando ya con este hilo mental, nos encontramos con el concepto por todos conocido de dominguero, esa raza de humanoides que sólo existe los días festivos. Su incapacidad para adoptar las más básicas normas de urbanidad se puede ver cuando toman el volante, cuando suben al metro, andando por la acera o incluso comprando el pan. Esta incompatibilidad con la vida moderna no se debe a una rebeldía asocializante sinó al hecho de que, al vivir para trabajar, en domingo no son humanos. No son humanos, son domingueros, son alienígenas que buscan sus almas. Y sus aquelarres malvados se pueden observar en el parking del Pryca o en el de Barajas. ¿Ven como hay comportamientos inexplicables? Y eso por no hablar del fenómeno futbolísitico…
Concluyendo, podemos quizás pensar que Marx tenía razón, y que las personas que no tienen nada que hacer con su tiempo libre se enajenan. LdA les propone que, para curarse en salud, se miren cada mañana al ombligo y digan bien alto: ¡Sí al ocio necio!
en la categoría 




¡Hola amigoides del amor y la saliva! Estamos seguros que ustedes, como buenos conspiranoicos de esos que se leen los artículos sobre Mothman de la Más Allá, son conocedores de la fantabulosa teoría de las seis (6) personas. Y si no se la explicamos y punto: ésta nos dice que se pueden establecer relaciones entre dos (2) personas cualquiera de este planeta a través de un máximo de seis (6) individuos. ¿Inquietante, verdad? De alguna forma, TODOS estamos relacionados en apenas unos breves pasos. Ya tienen algo que cavilar mientras miran las musarañas.
¡Hola, amigos! Ustedes, nuestros fieles lectores amorosos, ya conocen nuestra filia por las enajenadas conversaciones ajenas. Y es porque la gente, por regla general, habla de tonterías. ¿No se lo creen? Pues para convencerse echen una ojeada a 


¡Ya está aquí, ya llegó! La nueva entrega de Lametones de Amor en Semos lo que Comemos. ¡Maravilloso! Si han leido ustedes el título que adorna este post y su perspicacia es mayor que la de una langosta, habrán llegado a deducir que hoy les narraremos nuestra visita a Mac Donald’s, el lugar donde la comida siempre es lo menos importante.
¡Hola, amiguitos de la pradera del amor carnal! Imagínense viajando por la A-7 con su automóvil mutante, sobrepasando con holgura el límite de velocidad, cuando reparan en una descomunal valla publicitaria que siniestramente reza: La vida es corta, la eternidad no. Esto, que bien podría ser una apología del accidente o un mensaje de mal rollo ministerial, es la agresiva campaña publicitaria de las Hermanas Adrianas; en Estados Unidos, por supuesto Everything counts in large amounts
Socializacion
rss de lametones