30
Abril
2004
La Iglesia para Losers
¡Hola amiguitos! Ayer, viendo la tele y gracias a esta noticia, supimos de la existencia de un tal Kiko Argüello, el pintamonas que ha redecorado la horrorosa catedral de la Almudena. La cosa parecía aburrida, y estábamos con el mando a distancia cargado y apuntado cuando de la boca del artista surgieron las siguientes palabras: ‘belleza que evangeliza’. Ya conocen ustedes la fascinación que el núcleo amoroso de LdA experimenta con los personajes más rastreros y extraños del panorama socio-(a)cultural. Y éste era uno de ellos, seguro.
Francisco José Gómez de Argüello nace en 1939 en León, primogénito de un abogado militar católico aburguesado (casi nada…) y de una mujer que, como es de esperar en una familía católica como Dios manda, llevaba el rebaño a misa todos los días. Con nuestro Kiko, recien cumplidos los dos (2) años, la familía se traslada a Madrid, donde tendrían tres retoñítos más. Pero el niño mayor les sale rebelde, le asqueaba ver como unos supuestos católicos de pro como eran sus padres adoraban en realidad al Dios Dinero. La universidad, donde estudió Bellas Artes (ejem…), acabo por disolverle el cerebro y a los diecinueve (19) años se pira de su casa con el existencialismo por bandera. Tras un par de años de ateismo, Kiko sufre otra crisis espiritual y vuelve al rebaño, dedicándose a la pintura religiosa y militando en los Cursillos de Cristiandad, movimiento conservador de recristianización (tal como lo leen). Años más tarde, en 1964 vuelve a sufrir una crisis espiritual y, emulando a Charles de Foucald (otro iluminado, este francés), se va a vivir a las chabolas de Palomeras Altas, Vallecas. Sus posesiones: una imagen de San Francisco, una Biblia y una guitarra. Una guitarra. Una guitarra de la que saldrían los letales acordes de Cumbayá, Oh-Sanna en el Cielo. Agh, … el horror.
¿Se creeran que de ahí, de entre los gitanos y la mugre, de entre lo peor del rebaño pudo llegar a Roma? Bajo la protección permanente del entonces arzobispo de Madrid, Casimiro Morcillo, y junto a su compinche Carmen Hernández, doctora en química, licenciada en teología y ultraderechista de padre y muy señor mío, fundaron el Camino neocatecumenal, conocidos popularmente como ‘los kikos’. Empezaron predicando en Madrid, siguieron por Salamanca y alcanzaron exitosamente la cumbre del conservadurismo católico: la capital del Lacio. Una vez conseguido el visto bueno del Vaticano, en 1984, los efectivos del Camino se multiplican tanto que, a día de hoy, cuentan con más de un millón de seguidores repartidos entre las clases humildes (los losers) de 105 paises. Han conseguido aupar al primer obispo ‘kiko’ de España, monseñor Ricardo Blázquez de Bilbao. Y manejan beneficios económicos de alrededor de 120 millones de euros (en el 2002).
Los tres pilares que sustentan una familia neocatecumenal son la eucaristía, la mesa (a la que debe asistir toda la familía en todas las comidas) y el tálamo. El tálamo, por si no lo sabían, ‘es la habitación donde se hace el amor y se da la vida. En él no puede dormir ninguna otra persona y, antes de hacer el amor, las parejas neocatecumenales rezan al Señor. Porque el Camino les enseña la autentica sexualidad’. ¿Mola, eh? Ustedes dirán, extasiados, ¡yo también quiero ser kiko! Ah, amigos, ser kiko no es fácil. Pertenecer a esta estricta congregación, la más ultraconservadora del catolicismo (¡!), no es cosa de un día, ni de dos: es trabajo de un mínimo de 10 años, en los que el novicio ha que pasar por el kerigma, el precatecumenado, el catecumenado postbautismal, la elección y renovación de las promesas bautismales y la familia de Nazaret. Durante el proceso se deben hacer constantemente confesiones públicas de los pecados y penitencias severas; y para alegrar el cotarro Kiko Argüello no para de repetir, ominosamente, ’si nos abandonas caerá sobre tí la Sangre de Cristo‘, como si de una película de Polanski se tratase.
Bueno, cortamos el rollo por hoy no sin antes felicitar a Kiko Argüello por la bendición que han recibido sus pinturas por parte de monseñor Rouco Varela, Dios los cría y ellos se arrejuntan. Con lo que tardó Miguel Ángel en hacer la Capilla Sixtina y este hombre, casi un santo en vida, ha decorado la Almudena en tan sólo dos meses. Para que luego digan los descreidos que no hay Elegidos, aparte de que las pinturas a nosotros (que somos legos en la materia) nos parezcan un atentado de kitsch tronado.
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